Viajes, tropiezos y recaídas del famoso mercader de La Bombilla: la fascinante vida de un mutante demasiado humano, demasiado.

Por Giuseppe Tomapapusa

Guetopardo, mutante tucumano-chaqueño, bautizado como Drogan.

Héroe y heroinómano.

Posee un factor curativo extremadamente aumentado, sobre todo, jueves, viernes y sábados.

Es dueño de un prodigioso sentido del olfato que modula la dopamina de su cerebro. Estas dotes peculiares lo convierten en un formidable combatiente de la noche.

Fue dado a luz durante un viaje al Chaco, en un colectivo de Mercobus. Sus padres lo abandonaron desde un séptimo piso. Un vecino del barrio lo adoptó. El chaqueño Pala, le decían. Le dio amor y contención. Pero cuando quiso cantarle una canción, Drogan prefirió volver a buscar a sus padres.

Viajó involuntariamente a San Francisco. Había escuchado que por allí vivían The Mamas & The Papas. Fue a conocerlos. Pero sólo conoció La Papa.

Cuando sus primeras pelusas empezaron a florecer, viajó al Vaticano en busca de auxilio espiritual. Ahí descubrió que sus manos escondían unas garras que asomaban ante el peligro. Los curas habían oído de un niño que regeneraba su tejido.

Huyó de la pedofilia eclesiástica. Pasó un tiempo en el Arrabal porteño. Nunca bailó tango a pesar de encantarle la milonga.

En Ibiza fue uno de los Locomía originales. No podía mantener su abanico sano (peinaba como loco).

Decidió partir a Francia, donde se entregó de lleno al diseño. Terminó posando desnudo para Andy Mármol.

Se suscribió a la revista “Sólo Enduro”. Nunca la recibió. No le abría la puerta a nadie.

Terminó su carrera de diseñador con una tesis única: Drogas de diseño, el futuro de la moda y los modelos.

En Perú se dedicó a la avicultura. Organizaba riñas de gallo hasta que enfermó de gripe aviar.

Fue llevado de emergencia a la M.A.S.A., un centro de investigaciones de fenómenos naturales. El Dr. Mirolli entendió que no estaba frente a un humano corriente y experimentó con él posibles curas para el H o por V. Le terminó envenenando la sangre con ADAMIENTO y la cabeza con Fleco y Male. Sus garras eran ahora un arma letal.

Las injusticias sociales empezaron a enfermarle nuevamente el carácter. Fue por ello que una orden judicial lo obligó a someterse a tratamiento psiquiátrico.

El famoso Fasito Ortega lo internó en su finca para rehabilitarlo. Allí conoció al flaco Expinetta y compusieron Durazno y Sangrante. Formaron un dúo llamado los Ex-men. Nunca llegaron a hacer nada. Se colgaron.

Cuando le dieron el alta, fundó su propia marca de ropa, TIZA, pero la perdió en una recaída de la bolsa.

Guetopardo aún no se da por vencido aunque toda su vida haya peleado sólo contra él mismo.

En los últimos meses se ha abocado a la escritura. En diciembre planea publicar un libro de autoayuda titulado: “Soy el mejor en lo que hago, pero lo que hago no es muy agradable”. En fin: un crack recién cocinado.