Por Grimm Pís

El niño tiene miedo. Sus ojitos descubren monstruos al acecho entre las sombras de su cuarto. Escucha las voces atenuadas de los mayores charlando en el living. Grita pidiendo auxilio:

-¡Abuuuu! ¡Abuuuu!

Unos segundos después la puerta de su habitación se abre, entra su abuela y enciende la luz:

-¿Qué pasa querido, no podés dormir?

-No, tengo miedo, Abu. Por favor, quedate un rato y contame un cuento, ¿si?.

Su Abu, una mujer anciana de cabellos blancos, mirada dulce y voz suave, le acaricia la cabeza para tranquilizarlo.

-Si, mi amor. Tu Abu te va a contar un lindo cuentito. A ver, dejame pensar un poco. Ah, ya sé… Había una vez, en un país muy, muy lejano, una joven preciosa de ojos celestes como las piletas olímpicas que se dedicaba a la agricultura orgánica y cosechaba toneladas de hojas de coca libre de pesticidas que luego procesaba con la ayuda de siete enanos que antes trabajaban en minería de piedras preciosas pero la habían dejado de lado porque ser agricultores era más rentable. La joven y los enanitos vestían con ropa de fines del siglo XVIII bastante inapropiada para el clima subtropical. Los enanitos trabajaban de sol a sol sin quejarse y producían kilos y kilos de polvo blanco como la nieve del Aconcagua que transformaban con la ayuda de una primorosa prensa en panes y ladrillos aunque no eran panaderos ni se dedicaban a la construcción. ¿Me seguís hasta acá, Bebé?- le preguntó la dulce anciana.

-Más o menos, Abu, pero explicame…

-Shhh. Escuchá atentamente que el cuento sigue: La hermosa muchacha a la que llamaban Blanquita de cariño, controlaba con mano de hierro las faenas de la granja. A la noche los enanitos, sin bañarse ni cambiarse de ropa los muy cochinos, cargaban la producción en un viejo camioncito a gasoil y partían a hacer las entregas al por mayor o al menudeo según el pedido de los clientes.

Pero un día mientras Blanquita y sus siete enanitos estaban en el campo trabajando en las parcelas de coca fueron atacados de sorpresa por otro grupo de cincuenta agricultores de coca liderado por Cenicienta conocido como el Cartel de Walt Disney. Blanquita y sus siete enanitos fueron masacrados con unas encantadoras ráfagas de AK 47. Luego les cortaron las cabezas y las clavaron en ocho picas. Y también les sacaron las tripitas con las que adornaron algunos arbustos con tan buen gusto que parecían arbolitos navideños de los que colgaron un corazón aún latiendo acá, y unos primorosos riñoncitos y unos encantadores par de ojos celestes allá, todo salpicado de sangre con un toque chic que dió mucho de que hablar en el mundo de los decoradores. Y Cenicienta vive muy feliz con su príncipe encantado y nadie se atreve a hacerle la competencia. Y colorín colorado este cuento ha terminado. Ahora a cerrar los ojos para soñar con angelitos

La anciana le da un tierno beso en la frente a su nietito, apaga la luz y cierra la puerta tras ella. Y el niño ya no tiene miedo, tiene terror. Unos ojos desorbitados de espanto brillan en la oscuridad. Ya tiene miedo de llamar a su querida Abu para que le cuente otro cuento. Desde esa noche tendrá pesadillas y se orinará en su cama y se volverá patológicamente tímido.